El pasado 20 de abril de 2010, la plataforma Deep Water Horizon, la cual perforaba un pozo para le empresa petrolera British Petroleum (BP) en el golfo de México, sufrió un accidente que origino un derrame de mas de 5.000.000 de barriles de crudo, el cual, afortunadamente parece haber sido controlado. El lecho marino donde el pozo estaba siendo perforado esta a más de 1.600 m de profundidad. Las consecuencias de este derrame, uno de los más importantes de la historia, han sido diversas, entre las más llamativas, y las que han generado una repulsa generalizada, han sido las relacionadas con los daños ambientales. Las reacciones han sido diversas, el gobierno de los Estados Unidos, al calor de los días en los que el derrame fluía sin control y las soluciones no parecían ser inmediatas, ofreció “poner el pie en el cuello de BP” para lograr que la empresa solucionara el problema de inmediato. Obviamente ante el espantoso y calamitoso derrame, y ante el conocimiento, tanto de BP como del gobierno de los Estados Unidos de que lo más probable fuese que el logro de la solución no iba a ser cosa de horas, ni de días, si no de meses, los voceros políticos se empeñaron en mostrarse altamente indignados y en consecuencia pedían lo imposible. Lo cierto es que tanto el gobierno de los Estados Unidos como BP, sabían bien que la perforación de pozos en aguas profundas es riesgosa, cierto que la tecnología va mejorando y será cada vez más segura, pero por ahora queda demostrado que el tratar de contener flujos desmedidos de petróleo a esas profundidades es difícil, se depende fundamentalmente de artilugios a control remoto, de otras plataformas perforadoras y del buen tiempo y condiciones favorables.
Al parecer, y aquí se entra en especulaciones, el riesgo asociado a la perforación y explotación de petróleo en aguas profundas es asumido por empresas y gobiernos como el riesgo de que ocurran los accidentes aéreos; son catastróficos, las consecuencias humanas muy duras, pero ocurren y por ahora seguirán ocurriendo. La diferencia entre unos y otros, es que todos asumen que eso es así y entre todos han logrado acuerdos para lidiar con la opinión pública cuando estos ocurran dentro de lo que, al parecer, es un “margen razonable”. En el caso de la perforación petrolera, empresas y gobierno saben que estos accidentes de perforación, cuando ocurren son malos, muy malos, pero y particularmente en los Estados Unidos, todos empresas, sociedades, gobiernos y ONG´s necesitan del petróleo con desesperación. En el fondo, parece haber algo de “calculo político” en este tema, se sataniza a la industria petrolera, se la deja “sola” frente a la opinión pública y a la condena mundial, se le “pone el pie en el cuello”, pero se le cobran impuestos, regalías, licencias y se usa el petróleo que estas y otras empresas extraen. No se trata de des satanizar a la industria petrolera y a los poderosos Lobbies que estas promueven, se trata de tratar de poner las cosas en la balanza, estamos ante problemas ambientales importantes cuyas consecuencias se sentirán y sufrirán mucho tiempo, las posturas deben procurar ser sinceras, al fin y al cabo el presidente Obama visito al menos cuatro veces el área del desastre y no lo hizo en bicicleta, lo hizo en el famoso “Air Force One”, el cual no utiliza como combustible energía solar, ni tampoco eólica, ni siquiera etanol de granjas, utiliza, y en gran volumen, refinados del petróleo.
Una de las aristas interesantes de este caso, es que la reacción de rechazo a los daños, fue generalizada, todo se enfoco, en el daño ambiental, el terrible daño causado al ecosistema marino, a las pesquerías del golfo de México, al daño a las costas, a la fauna, y a las predicciones sobre la duración de las consecuencias y a su alcance espacial y temporal a través de la cadenas tróficas, todo ello acompañado de las angustiosas imágenes que en vivo, mostraban el derrame justo en la boca del pozo. Impresiono también el despliegue técnico y humano que casi de inmediato fue puesto en escena para tratar de combatir y remediar, en la medida de lo posible, el daño causado.
Este derrame de la Deep Water Horizon, contrasta en la valoración de sus consecuencias con otro quizá más cercano a nosotros. El 14 de diciembre de 1922 el pozo “El Barroso-2”, cerca de Cabimas en la costa oriental del lago de Maracaibo, sufrió un “reventón” y comenzó a fluir petróleo de manera descontrolada a una tasa estimada de 90.000 barriles diarios, el pozo pudo ser controlado en unos 10 días, el petróleo derramado cubrió unas 300 ha de terreno, y se usaron cuadrillas de hombres con picos y palas para contener el petróleo en una suerte de laguna. El petróleo confinado sobre tierra en esa fosa provisional, fue bombeado a través de tuberías colocadas para ese fin y enviado a la refinería de Curazao, donde fue procesado y comercializado. Comparado con el derrame de la Deep Water Horizon, si este pozo de Cabimas hubiese seguido fluyendo al menos unos días más, muy probablemente hubiese superado los 5.000.000 de barriles derramados en el Golfo de México.
La noticia del reventón de El Barroso-2 tuvo su impacto en el ámbito económico y sus repercusiones fueron tales que solo 6 años después, Venezuela se convirtió en el segundo productor petrolero mundial. Las consecuencias ambientales inmediatas no pasaron de la compensación de alguna bienhechuría dañada por el derrame y de algunas molestias a unos pocos vecinos. Las consecuencias y la valoración de este derrame, estuvieron lejos, muy lejos de considerar los impactos ocasionados, estas se centraron fundamentalmente en las perspectivas que este derrame tuvo sobre el incipiente negocio petrolero y la inesperada riqueza que trajo sobre el país.
88 años separan en el tiempo a ambos derrames, las cosas definitivamente han cambiado, las personas y los gobiernos se preocupan mucho más por el ambiente en contraposición a la dominancia de los temas industriales y de progreso. La opinión pública tiene su peso, es escéptica, y aunque aun depende del petróleo, es capaz de hacer que en los países donde lo que piensa y siente la gente es considerado, se obligue a los responsables a adoptar posturas consonas y con resonancia en el público. Son avances, no hay duda, aun con la sospecha de hipocresía y juego político son avances.
domingo, 5 de septiembre de 2010
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